He oido… de una escuela

He oído que en Valduvieco ha habido escuela desde hace muchísimos años. La evidencia es que el analfabetismo era prácticamente nulo. Los más ancianos recuerdan a D. Pedro Crespo como maestro del pueblo desde finales del s. XIX principios del siglo XX. Eran famosas sus clases nocturnas a mozos de Cañizal, Villarratel, Mellanzos y Valdealiso. Tenía estudiantes de otros pueblos de posada, en su casa, para asistir a su escuela. Y en casa de otros vecinos del pueblo. Su casa, primera por la izquierda entrando por la carretera. Antaño casa del tío Emilio, en la actualidad de Arturo Fresno.

Cuando se cayó la escuela vieja, donde está el actual teleclub, otra vez los vecinos, no sé si con alguna ayuda del M.E.C. construyeron la nueva. Como maestro carpintero “Manolón” el de Castrillo y los vecinos como ayudantes peones, otra vez de “cendera”. Mientras se construyó sirvió de escuela la casa rectoral, hoy derruida. Queda el solar esperando mejor fin. Los chicas iban a clase por la mañana y los chicos por la tarde. O al revés… No cabían todos juntos. ¡Qué tiempos! ¡Qué natalidad! No se conocía eso de la emigración. Sólo alguno se había ido a las Américas, Argentina.

He oído que cuando salíamos de la escuela nos ladraba la mastina del tío Miguel, llamada Samba, y hacía ¡guau!, ¡guau!.

He oído que por la época de la vendimia había una semana de vacaciones escolares, para ayudar en las faenas de la recogida de la uva. Quién lo diría, hoy que desde la concentración parcelaria no queda una cepa en todo el vago. Es verdad que lo que salía, más que vino era una mezcla entre “chacolí”, “ribeiro”, “sidra”, “vino joven afrutado de aguja”… Valduvieco está a 900 metros de altitud. Pero la uva “garnacha” y “picudo” que duraba encima del trigo hasta Navidad, estaba…

He oído que los chicos cuando íbamos a la escuela en invierno, parábamos un rato a resbalar en el reguero, junto a la fragua del tío Belarmino. A la ida no hacían falta las “madreñas” pues todo estaba helado. A la vuelta, con el deshielo de los “chupones” de los tejados todo estaba mojado. Por la noche se volvía a helar y así sucesivamente.

He oído que en la escuela para no pasar frío teníamos una estufa de leña, “pollera”, Cada día nos encargábamos dos chicos de atenderla. Los hombres traían del monte carros de leña de roble, estepas y cepas – raíz de “urces”- brezo, por “cendera”. Nosotros íbamos un rato antes a encenderla y luego mantener el fuego todo el día. Creo que no pasábamos frío. La escuela vieja tenía un sótano para la leña. La nueva un portal anexo.

1 comentario en “He oido… de una escuela”

  1. Que bonito.. recuperar historias.. sentidas y significativas para el pueblo.
    Costumbre y algunas palabras q me son extrañas..pero en el relato..puede uno imaginar..aquellas epocas..

    Abrazos desde Argentina

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