He oido…

He oído que lo que hoy conocemos como La Pradera del Campo, (Prado Ramiro, etc…) era una zona pantanosa con numerosas charcas y juncos.

He oído que en La Hoja del monte, se veían huesos y trincheras de «la carlistada».

He oído que desde la laguna Rasmilán venía una acequia para traer su agua hasta la Quebrantada de Vegas, de donde los romanos sacaban oro. (Por el mismo método que en las Médulas…).

He oído que al hacer la caja para el «camino vecinal» apareció un horno lleno de tejas a tres cuartos de cocción. Situado donde hoy está el cartel de Valduvieco pero en el otro lado. (De cuándo sería?, habría más? por qué abandonado a media cocción?).

He oído que para pagar la música de la fiesta se vendían carros de leña.

He oído que para dividir el monte entre Rueda, Valdealiso y Valduvieco se midió con sogas de acarrear.

He oído que delante de la iglesia había dos charcas. Una junto a la casa de Aureliano, antes era huerta, y otra junto al huerto de Quico.

He oído que estaba la poza Andrés, delante la casa de Came y Geli, y que desde la «huertona» pasando por todo el pueblo se regaba hasta el tomijón.

Quien lo controlaba era Orestes a lomos del «mota» del Tío Gonzalo. (Nota: el «mota» era un burro malísimo).

He oído que al actual huerto de Nana fue antiguo cementerio.

He oído que la vecera salía al valle por «las viñas».

He oído que en lo que hoy es la plaza , delante de las puertas de Lea, había un «charquete» que usaba el tío Benito y/o Fructuoso?, para su fragua. (Allí bañaba Semproniana al «Negus»).

He oído que cuando salíamos de la escuela nos ladraba la samba del tío Miguel y hacía ¡uau!, ¡uau!. (La samba era una perra mastina?).

He oído que se escuchaban muchos cantos por los campos mientras araban los labradores. Una letra popular fue: re re rerera ..rerá……rera rera rera ra rá….. ¡Rizosa, Cervera! (Más o menos). (Tío Honorino). La erre suena suave.

He oído que el día que se inauguró el «camino vecinal» algunos cogieron una…

He oído que la tía Felisona llevaba en su borrica sacos de cal a la ribera del Porma y del Curueño que cambiaba por trigo.

He oído que vendedores de la montaña que venían por el pueblo cambiaban saco de castañas por saco de trigo. (No confirmado).

He oído que había una tabla que se llamaba PALO DE LOS POBRES.

Cuando venía un mendigo por el pueblo preguntaba por esa tabla y en la casa donde estuviera le daban posada. Al día siguiente se pasaba al vecino contiguo que era quien recibía al siguiente mendigo y así sucesivamente. Y hace más tiempo, si el mendigo era cojo o tullido, se le llevaba en carro de vacas hasta el pueblo vecino.

He oído que una vez vino un mendigo muy enfermo, bebió agua en la fuente «la salud» – está en las huertas del Tomijón- y sanó.

He oído que en el término de la Fuente la Villa, camino de Hondada y Villarratel los más viejos recuerdan había una ermita. Y otra detrás de la Praderica. Y otra en el centro del pueblo detrás de lo que hoy es el teleclub.

He oído que en Valduvieco siempre se ha celebrado el carnaval «Antruido». Se decía: «Por Antruido todo pasa, y por tu casa la tía Tomasa». Se tiraban papelillos cortados sobre la cabeza y se ponía sal en la cama de los primos, etc…

He oído que los mozos y las mozas los domingos iban de paseo por la Canal hasta el valle. Los novios iban cogidos del «bracete», y los chicos corriendo entre ellos.

He oído que la llamada ahora «carretera», vía que une Valduvieco con Mellanzos, se llamó siempre «camino vecinal». Fue en verdad un camino vecinal hecho por los vecinos del pueblo. Recuerdo que «la caja», primer allanado, cunetas y alcantarillado, lo hicieron los vecinos en «cendera». Por turnos ponían las parejas de vacas y carro o arados como herramientas. Los chicos en edad escolar, con D. Emigdio Magdaleno, párroco del pueblo por aquellos años, a la cabeza, y con burros con alforjas, «atropaban» miles y miles de cantos, para el empedrado- drenaje-. La apisonadora la prestó la Diputación Provincial de León. Así empedrado estuvo más de 20 años hasta que llegó el asfalto. Los técnicos «ingenieros» eran vecinos del pueblo con más voluntad e ingenio que saberes matemáticos. Pero a base de tesón, un camino de carros, se convirtió en algo transitable, para acercar el pueblo a la civilización.

He oído que en Valduvieco ha habido escuela desde hace muchísimos años. La evidencia es que el analfabetismo era prácticamente nulo. Los más ancianos recuerdan a D. Pedro Crespo como maestro del pueblo desde finales del s. XIX principios del siglo XX. Eran famosas sus clases nocturnas a mozos de Cañizal, Villarratel, Mellanzos y Valdealiso. Tenía estudiantes de otros pueblos de posada, en su casa, para asistir a su escuela. Y en casa de otros vecinos del pueblo. Su casa, primera por la izquierda entrando por la carretera. Antaño casa del tío Emilio, en la actualidad de Arturo Fresno. Cuando se cayó la escuela vieja, donde está el actual teleclub, otra vez los vecinos, no sé si con alguna ayuda del M.E.C. construyeron la nueva. Como maestro carpintero «Manolón» el de Castrillo y los vecinos como ayudantes peones, otra vez de «cendera». Mientras se construyó sirvió de escuela la casa rectoral, hoy derruida. Queda el solar esperando mejor fin. Los chicas iban a clase por la mañana y los chicos por la tarde. O al revés… No cabían todos juntos. ¡Qué tiempos! ¡Qué natalidad! No se conocía eso de la emigración. Sólo alguno se había ido a las Américas, Argentina.

He oído que el actual huerto de Francisco Cañón, de junto a la iglesia, se llamaba «El huerto de la Asunción». Quizá propiedad de la iglesia «desamortizado»?.

He oído que por la época de la vendimia había una semana de vacaciones escolares, para ayudar en las faenas de la recogida de la uva. Quién lo diría, hoy que desde la concentración parcelaria no queda una cepa en todo el vago. Es verdad que lo que salía, más que vino era una mezcla entre «chacolí», «ribeiro», «sidra», «vino joven afrutado de aguja»… Valduvieco está a 900 metros de altitud. Pero la uva «garnacha» y «picudo» que duraba encima del trigo hasta Navidad, estaba…

He oído que Valduvieco ha sido una zona boscosa de roble, principal fuente calorífica. Por eso los robles son numerosos en su toponimia. Recuerdo algunos:

«El roble dos hermanas». Dos robles gemelos nacidos del mismo tronco, que divide los términos de Vegas Valduvieco y la hoja del monte- mancomunidad del monte perteneciente a 7 pueblos-.
«Roble el alcarabán», en la Calabaza.
«Roble la lombica», de la Calabaza a la Cota de abajo.
«La mata el tío Matías». Mata grande de robles.
«La mata el tío Campillo». Mata grande de robles.
«La mata el gato», camino de Valdealiso.
«La matona de Valdeñadales». (Valle de niales=nidos).

He oído que un trozo de la hoja del monte, común, eran trozos particulares. Se llamaba el bosque. Era propiedad de algunos vecinos de Valduvieco, Villarratel y Santa Olaja de Eslonza, que tenían menos roble para leña. Salían de noche con los carros para volver al día siguiente cargados de «cepas» y «urces». (Dichos pueblos también tenían roble en las cotas de Villarratel y Santa Olaja, hoy ambas roturadas).

He oído que cerca de la ermita de Villamoros – en término de Santa Olaja, aunque más cerca de Villarratel- hay dos fuentes importantes. Ambas poseen brocal de piedra de sillería. ( De una no sé o no tiene nombre. La otra llamada «fuente la pedorrera», por el efecto de sus aguas? … ¿Por qué ambas tienen brocal si están en pleno campo?. Pudieron pertenecer a un poblado desaparecido en el valle de Viloria, valle rico y gente boba, donde dice la leyenda repetida en tantos lugares que «los moros» dejaron una piel de toro escondida llena de monedas de oro. ¿Pudieron pertenecer a un antiguo poblado ibero localizado no lejos de allí?. (Si alguien tiene interés en estudiar, localizar, este antiguo poblado, puedo darle algunas pistas).

He oído que la riada más grande que se recuerda, fue un día que Juan Manuel Fresno, no sé precisar el año, pero antes de 1941, padre de Vinda y Arturo, venía de Gradefes de pagar la contribución del pueblo, y al llegar al valle de Valdealiso, «valle bajar», el agua había arrastrado en puente de troncos e inundado todo el valle, de lado a lado.

He oído que los lobos mataron una «jatina», hija de la «rubia», vaca de Cencio. Estaba en la vacada, que cuidaba por entonces el tío Agapito. Era joven, inexperta, se despistó en las orillas del pozo»vallina carbonero», y no fue con la manada al chozo donde pasaban la noche. Al día siguiente la encontraron descuartizada y medio comida. Recuero en otra ocasión que volvió de la vacada la «bonita» hija de la «paloma», novilla grande y fuerte, con el rabo medio arrancado y ensangrentada. Se lo cicatrizaron con un hierro «rusiente» en el potro de la fragua de Doroteo. (Era cuando los lobos eran malos).

Hablando de lobos, he oído, recuerdo, una vez que los pastores traían una loba a hombros desde el monte. La habían matado «los perros de lobo», mastines que cuidaban los rebaños del monte. Venía dando leche. También traían cuatro o cinco cachorros de lobo, preciosos, negros, con los ojos aún casi cerrados. Luego por las casas se pedía «pa lobo muerto».

He oído que la fiesta de la patrona de la parroquia, Nuestra Señora de la Asunción, se celebraba el 15 de agosto. El baile se hacía en la huerta de Nato de Valdelera. Y había cuatro cosas que no faltaban nunca: los carameleros, el tío Isidro y el caramelero de San Vicente. Las peras «santiaguinas» de Aureliano. Los músicos, Quirico y luego los hijos, de Villahibiera, y el corro de «lucha leonesa» que empezaba Onofre con los más pequeños, hasta los más mozos. Era típica la rivalidad entre la abadía y la ribera. Se empezaba: «abran corro..». Alguna vez me tocó empezar con el hijo pequeño de Faño el de Cañizal que siento ahora no recordar su nombre.Te defendías, te defendías, «mediana» por aquí, «gocha» por allá, pero al final la «jostrapada» no te la quitaba nadie. El premio era un gallo, para los mozos, claro. Para los chavalillos el orgullo de la noble competición y la defensa de los valores de la tierra, tu pueblo.

He oído que el pueblo tenía «casa de concejo». Una casa pequeña de una sola estancia, donde se reunían los vecinos para resolver «cosas del común». Recuerdo que había «libertad de expresión», por lo menos los chicos oíamos las voces desde la calle. ( Yo creo que los argumentos se medían por decibelios …). Estaba situada donde confluyen el río Moro y el arroyo de La Calabaza. Hoy es un jardín con flores, junto al reguero. ¿Quién no sabe aún dónde?. Tenía escudo nobiliario.

He oído que en la plazuela- plaza delante de la casa de Baudilia – intentaron hacer un pozo artesiano, allá por los años de la II República, creo. Quizá por la guerra se quedó en intento. Recuerdo ver los tubos hincados en medio de la plaza hasta los años 70. En la misma plazuela estaba el «economato» del pueblo, en los años del racionamiento. Estaba, he oído, en el salar de una casa que ya no existe, donde guarda Jesús la maquinaria. Casa que fue de la tía Emilia.

He oído que el juego de bolos, la «bolera», estaba junto a la fuente de toda la vida del pueblo- ya anulada- donde se enfriaba el vino que se compartía pagado por los perdedores. Estaba junto a la casa de «los juanes», «los litos» o «los natos», que de las tres formas se les conocía. Juan, Eugenio, Nato, los tres solteros. Casona antigua, de grandes dimensiones, actual casa, pajares y casa de ganado de Auxilio e hijos. Pagaron capellanía en tiempos antiguos. De apellido Campos. Ultimo descendiente en Valduvieco fue Eulalia Campos, hija de Mariano Campos y Jesusa Fresno. Esposa de Argimiro. No sé si en otros lugares existen descendientes de esta familia. (Cuentan que guardaban el dinero en un agujero en la cuadra y cuando se iba pudriendo ponían los de abajo arriba…).

He oído que los chicos cuando íbamos a la escuela en invierno, parábamos un rato a resbalar en el reguero, junto a la fragua del tío Belarmino. A la ida no hacían falta las «madreñas» pues todo estaba helado. A la vuelta, con el deshielo de los «chupones» de los tejados todo estaba mojado. Por la noche se volvía a helar y así sucesivamente.

He oído que en la escuela para no pasar frío teníamos una estufa de leña, «pollera», Cada día nos encargábamos dos chicos de atenderla. Los hombres traían del monte carros de leña de roble, estepas y cepas – raíz de «urces»- brezo, por «cendera». Nosotros íbamos un rato antes a encenderla y luego mantener el fuego todo el día. Creo que no pasábamos frío. La escuela vieja tenía un sótano para la leña. La nueva un portal anexo.

He oído que por años 50 vino una primavera muy adelantada. El día de San José, 19 de marzo, ya traía Tilio «ferreño» espigado para las vacas de una finca de las viñas, antiguo sopico el horno.

He oído que la Virgen de Valduvieco es hermana de la Virgen de Cifuentes. Explico: la talla de la patrona Nuestra Señora de la Asunción de Valduvieco y la talla de la patrona de Cifuentes de Rueda, están hechas del mismo tronco de un roble serrado por la mitad. De cada mitad se esculpió una imagen. El roble estaba en la hoa del monte. Un roble centanario de grandes proporciones.

He oído que los mozos de Valduvieco siempre fueron grandes jugadores de bolos. Competían con los mozos de los pueblos vecinos en las fiestas, bodas… Incluso era frecuente que despues de la recogida de la hierba de los prodos del pueblo, y antes de empezar la segar el centeno, los mozos iban a segar hierba a pueblos de la montaña, Boñar, Vegamián… En los pocos ratos de ocio jugaban a los bolos dejando perplejos a los vecinos de esos pueblos, como relata Marceliano en la Revista Valduvieco nº 2.

He oído que era costumbre en el pueblo, por Semana Santa representar la Pasión en teatro, como lo era en otros pueblos y hoy es tradición en Cervera, Esparraguera… Durante muchos años fue director de escena D. Pedro Crespo, maestro del pueblo, de feliz memoria. A su muerte le sucedió en la buenas artes, tambien durante mucho tiempo, el tío Cayetano. Eran actores principales, Doroteo, Lucía y todos los de sus quintas. Las representaciones se llevaban a cabo en el portan de abajo de Manuel Fresno. Los espectadores se colocaban en el portal de arriba y en el corral, con bancos, sillas, taburetes… Alguna vez actuaron en Santa Olaja de Eslonza.

He oído que Blas Fresno, abuelo de Macrina, Arturo y Vinda, donó un terreno para ampliación de la iglesia.

He oído que llevaron las campanas a restarurar. El restaurador se arruinó, y no las devolvía. Tuvo que ir el Señor cura del momento «a punta de pistola» para recuperarlas. El campanil se perdió para siempre. Tenía un tañer tan extraordinario que se oía y se distinguía perfectamente desde Puente Villarente, según recuerdan los labradores que pasaban allí la noche camino de la feria de León.

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