Historia de Nuestros Abuelos

He oído una historia novelada de mi pueblo que dicen contaba mi abuelo.

Siempre tuvo especial atracción para mí un vasar-alacena colgado en la pared de la bodega de casa de mis padres, que fue la de mis abuelos, bisabuelos, tatarabuelos… Casa que por tradición oral siempre se ha dicho que fue cárcel de la Inquisición. Yo que de pequeño había escuchado eso, no hacía más que escudriñar por las bodegas y pajares, en las paredes de piedra y argamasa. Nunca encontré monedas antiguas, ni «emparedados» que seguramente era la lo que buscaba. Pero sí encontré, estaba a la vista, esta alacena, forrada con papeles antiguos «roídos» por los ratones y pegados con harina. En ella había tinajas con libros de oraciones, rollos de papel, papeles atados con atijos, cueros, badanas enrolladas…

Me contaba mi madre que con esos papeles encendían de niñas el fuego ella y su hermana Macrina, madre de Timio. Decía eran los libros del tío Santos, fraile, tío de mi abuela, de la tía Nicanora, quien dio nombre a la calle por la casa donde vivía, actual casa de Vita y Antonio, calle la Nica.

En esos papeles encontré yo medidas, signos, dibujos, anagramas, que lógicamente de niño no sabía interpretar y que luego me han dado pistas para jalonar la historia que dicen contaba mi abuelo sobre Valduvieco. Eran medidas de piedras de sillar, formas y medidas de dovelas, dibujos de arcos, firma de canteros, fechas…

Contaba que Valduvieco fue un pueblo de cierta antigüedad. (No está lejos de Lancia, capital astur, 12 kms. Quizá en ellos, astures, tuvo su origen).

Llega Roma la influencia cristiana y en Valduvieco se construyen templos cristianos. Ermitas desaparecidas e iglesia posterior. La iglesia que empieza visigótica, prerrománica, románico rural… hasta ampliación actual. Se construye a la vez que lo más antiguo de San Miguel de Escalada, 5 Kms; San Pedro y San Pablo de Santa Olaja de Eslonza, 6 kms; ermita de Villamoros y Villarratel, 3kms; monasterio de Valdealiso, 3kms: iglesia actual de Villarmún, 8kms.

De Valduvieco, pueblo de oficios, pudieron ser los arrieros que portaron cientos de piedras desde las canteras hasta los edificios mencionados, en carretas de bueyes. De Valduvieco fueron los picapedreros que tallaron las piedras de sillar para su iglesia y algunos de los pueblos vecinos. En varias piedras de esos edificios consta la firma del maestro. La más repetida un cartabón-escuadra y una especie de «indalo». Piedras que no siempre están en su sitio original. Así en la iglesia de Valduvieco, más pequeña en sus orígenes, se aprecia una antigua entrada y campanario tabicados y una pequeña puerta de arco de medio punto, que comunica con la sacristía actual, posible primera entrada a la iglesia visigótica-romanica, parte del pórtico convertido en sacristía, en su ampliación.( Al agrandarse la iglesia, se cambio la puerta principal, pero tanto, que hoy tiene entrada de casa nobiliaria). Todavía consta en la pared la piedra con la fecha de la ampliación 1821 ¿?. Para hacerla más hermosa se cubrió toda, techos y paredes, de escayola. Con lo que se cubrió lo más bonito, los artesonados y la piedra. Si con meticulosidad se quitara la escayola cuántos secretos bellísimos verían la luz. Ejemplo el rosetón situado en la pared sur-este, encima de la sacristía, por dentro cabicado de escayola y por fuera a medio cubrir con el tejado de la sacristía. Pero ahí está.

Entre arco y dovela, rezo y canción, se llega al s. X donde ya aparecen documentos escritos con la inscripción VALDE OVECO. (Obispo de León en el s X, con grandes propiedades en este pueblo, y varios documentos de compraventa de fincas. Pero eso ya es historia real. ¿O real es todo?.

Si importantes fueron los artesanos de la piedra en la construcción de los templos, no menos lo fueron los «aserradores» que cuentan traían los robles de las «cotas» de Mellanzos, Villarratel, Santa Olaja y Valduvieco, y durante días, semanas, tronzaban, serraban, hasta conseguir vigas, tablas, artesonados, puertas, que repartían por los pueblos, iglesias y monasterios.

Oficios desaparecidos como el de «carboneros». Carbones vegetales que se producían en el monte en el lugar conocido como «vallina carbonero», con abundancia de leña y agua. Durante siglos salieron carretas cargadas de picón para el monasterio de San Pedro de Eslonza, para el hospital de Peregrinos de Puente Villarente, y para unos almacenes-carboneras, de Puente Villarente que vendían en León capital.

Tal era la relación entre Valduvieco y el Monasterio de San Pedro de Eslonza, que cuentan que el P. Feijoo (1676-1764), Benedictino, gran filósofo, naturista, botánico, estuvo varias veces en Valduvieco (1706), recogiendo plantas medicinales para la botica del monasterio, y descubriendo fuentes. ( Tiene varios escritos sobre las propiedades del agua. Relata algunas costumbres, citaré solo dos por no extenderme. En su Teatro de mundo, obra VIII, dice: «Un buen régimen para la salud es la siesta. Mis monjes la practican y no gozan de peor salud que el resto». Otra: » Si quieres vivir sano, la ropa que traes por el invierno, tráela por el verano». Dice también que los labradores de la zona empleaban la Piedra Lipis, (decíamos Piedralipe), Vitriolo azul de cobre, para rociar las semillas antes de sembrarlas ( ¿os recordáis).

(Sabéis que el P. Feijoo nos echa un gran piropo. Dice en una de sus cartas que hasta los burros de por aquí son listos… Dice que la acémila del monasterio sabía leer el calendario pues todos los jueves iba a León cargada de recados y si no la ataban el martes, al miércoles desaparecía…).

También el P. Sarmiento (1695-1771), Benedictino, del Bierzo, también filósofo, botánico, estuvo en Valduvieco predicando una Semana Santa, 1717 ?, mientras permaneció en el monasterio de pasante. Siguiendo la labor del P. Feijoo, gran admirador y defensor, engrandeció la botica del monasterio con plantas de la zona. En varios tarros se leía: «Amahuetos macerados de Valduvieco». «Agua de la fuente la villa». » «Endrinas de ondada» Estas y muchas cosas más dicen que contaba mi abuelo, sacado de aquella alacena llena de libros del tío fraile Santos, que yo transmito. (Avelino Álvarez Fresno).

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